TERRENOSCAMISETAS
         
  Este artículo fue tomado de
Between the Waves
Edition 17 / December 2006-February 2007
Nicaragua's Most Popular English Magazine
   
  ¿Buscando la vida simple?

Por Robin Hooper

    Traducido por Carlos Espino    
   

Vivir en una tienda de campaña la mayor parte del tiempo durante cuatro años, construir una casa de ladrillo de tres dormitorios sin herramientas eléctricas, esperar todo el día por una cuadrilla de trabajadores que no aparece… ¿Le suena simple?  ¿Qué es lo que motiva a algunos extranjeros a dejar la seguridad de un trabajo, el hogar, la familia y los amigos para comenzar de nuevo en Nicaragua? Para averiguarlo, Waves Magazine habló con dos parejas extranjeras, que ahora viven en la isla de Ometepe, acerca de dejar el hogar y descubrir uno nuevo, y enfrentar algunas de las realidades de “hacer las cosas” en Nicaragua.

    El encanto de una isla    
   

“A mi me gusta cambiar mi vida radicalmente”, dice Carlos Espino sentado en el corredor de su casa desde donde se aprecia el lago Nicaragua, conocido también como Cocibolca. Este ciudadano canadiense de 55 años, nacido en El Salvador es franco. “Un día tú eres un programador de computadoras, el siguiente un agricultor. Un día tú vives en una ciudad, al siguiente vives en el rincón más remoto del mundo. Tienes tus amigos, el siguiente día tienes nuevos amigos”.

Es una mañana calmada y tibia en Ometepe, con la masiva expansión del agua del Cocibolca dominando la vista desde El Encanto. Carlos, un programador de computadoras, y su esposa australiana Helen Lorenz están poniendo los toques finales a su sitio web para promover  el hospedaje de cuatro habitaciones y el restaurante. Su nombre, El Encanto, hace honor a las vistas desde la propiedad de cinco manzanas situada en istmo de la isla entre los volcanes Concepción y Maderas. Al igual que un creciente número de extranjeros que están adquiriendo propiedades en la isla, la pareja quedó encantada al instante por la belleza natural de Ometepe. “Hay muchas islas”, dice Carlos, “pero esta es única debido a los dos volcanes”.

Hace dos años, la pareja escapó de la lluvia y el frío de su lugar de residencia en Bellingham, Washington, para pasar diciembre en Nicaragua. “Habíamos estado buscando oportunidades de negocios en los Estados Unidos y nada parecía factible”, dice Helen, una enfermera especializada en salud pública. Para la pareja, la industria turística en desarrollo de la isla y la seguridad relativa del país, hicieron de Ometepe una opción más atractiva que México y los países vecinos de Centro América.

Al mismo tiempo que el aislamiento y la falta de desarrollo de la isla son parte de su encanto, estos factores también complican la vida para los nuevos residentes. “Cualquiera que haya hecho una construcción aquí sabe que uno tiene que duplicar el tiempo y el costo del proyecto”, dice Helen.

Los seis meses estimados para la construcción de El Encanto se convirtieron en trece. “No hay lotificaciones”, explica Helen, “de manera que los terrenos no tienen electricidad ni agua”. Carlos describe sus tratos con Unión Fenosa, la compañía de electricidad, como “frustrantes”. La casa que ocupa el restaurante de El Encanto fue construida en su mayoría sin herramientas eléctricas debido a que Unión Fenosa tardó demasiado tiempo para conectar la electricidad.

Los materiales de construcción y la mano de obra también son difíciles de conseguir en la isla. La mayoría de los materiales vienen de tierra firme y los constructores enfrentan escasez de mano de obra durante las estaciones de siembra y de cosecha. “Es difícil conseguir mano de obra especializada”, explica Carlos “y la mano de obra de afuera es cara”.

El camino orgánico

Darrin Schellenberg y Eileen Wall viven a tres kilómetros de El Encanto. Su propiedad de seis manzanas se sitúa entre el pueblo de Balgüe y un grupo de casas conocido como El Madroñal. Darrin y Eileen, ambos en sus cuarentas, se encuentran trabajando activamente en el comienzo de su segunda casa. En medio de las fundaciones de concreto, Eileen dirige la construcción. Los trabajadores viajan desde Altagracia (a 20 kilómetros de distancia) cada mañana. Después de varias semanas de haber iniciado el trabajo, el maestro de obra todavía no ha aparecido. “Él se encuentra terminando otro trabajo”, explica Eileen. La pareja parece no preocuparse. El español fluido de Eileen y la experiencia de Darrin mantienen el trabajo en constante avance en la obra.

 

“Nuestro sueño fue tener una finca y producir nuestra propia comida,” dice Eileen. La pareja compró la propiedad en el 2001 pero siguió  viviendo en Central Valley, California, durante los siguientes cuatro años. El tipo de trabajo por temporadas como inspectores de verduras que realizaban en los Estados Unidos, les permitió estar en la isla por periodos extensos. Vivieron en una tienda de campaña mientras construían una pequeña casa y rehabilitaban la tierra. “Teníamos que comprar una tienda nueva cada seis meses”, dice Eileen, “porque el clima las destruía”. Durante los pasados dos años la pareja ha vivido permanentemente en la isla.

Después de seis años de haber comprado, la finca de Darrin y Eileen es testimonio de su trabajo duro y su pasión por la agricultura orgánica. Noventa por ciento de la tierra se encuentra cultivada con granos (maíz, sorgo, ajonjolí y doce variedades de frijol), además de cítricos y café. La producción es mayormente para el consumo de la casa y lo que sobra se vende para comprar la comida que no pueden producir.

La falta de un mercado local para productos orgánicos es uno de sus retos principales. “La realidad es que el dinero que se hace de la agricultura orgánica no es nada”, dice Darrin. A la vez que las ganancias de la agricultura orgánica han decepcionado a la pareja, su impacto a nivel comunitario es positivo. “Esta es una finca más saludable y produce tanto o más que otras fincas que han sido fumigadas”, dice Darrin, “y creo que algunos lugareños ya se han dado cuenta”.

Para Darrin y Eileen, el establecerse en la isla ha sido un proceso de prueba y error. “Nosotros venimos con la idea que podríamos producir nuestra propia comida y ya”, explica Eileen. “Pero no es así. No podemos sobrevivir solamente de eso”. La pareja hace dinero de rentar su casa y tienen planes de convertir parte de la casa en construcción en restaurante o Internet café.

“Uno tiene que venir aquí con una mentalidad abierta”, aconseja Eileen, “tomarla con calma y acostumbrarse al lugar donde se encuentra. Entender la dinámica de la comunidad”. La vida social es parte del atractivo de la isla para Helen. “La gente nos ha acogido muy bien”, dice ella, “y siempre hay alguna actividad social en las calles”. Helen puntualiza que su español fluido y el origen latino de Carlos han facilitado la transición de los Estados Unidos a la isla. “Hemos hecho amistades con los campesinos”, dice. “Las diferencias económicas no han sido una barrera para hacer amigos aquí”.

Para ambas parejas, los obstáculos financieros que enfrentaron en los Estados Unidos también los motivó a moverse hacia el sur. El precio de la tierra y las oportunidades de negocios factibles en Nicaragua hacen el país atractivo para extranjeros que quieren vivir afuera. Sin embargo, la transición de vivir en un país calificado como “desarrollado” a otro “en desarrollo”, requiere más que un buen sentido financiero. Cambiar las complejidades de la vida en una metrópolis occidental por la simplicidad de la vida rural en Nicaragua es una historia con elementos que suenan más a fantasía que ha realidad.

Talvez comprender eso es parte de la clave para sobrevivir aquí. Para ambas parejas, “hacer las cosas” en la isla demanda paciencia, adaptabilidad y un buen entendimiento de las complejidades, cultura y diferencias culturales. ¿Estarían ellos dispuestos a cambiar los retos diarios de la vida en la isla por una vida en los Estados Unidos? ¡Nunca!

         
  T-SHIRTPRENSA
         
      Valencia

Precioso terreno de 2.8 manzanas (2 Ha) en las faldas del volcán Maderas. Calle de acceso privada, agua potable cerca y algunas de las vistas más impresionantes del volcán Concepción, del valle del Apante donde corre el río Istiam y de la playa Santo Domingo.

 
         
      El Encanto

¿Le gustaría ser dueño de un pedazo de El Encanto? Tenemos un bonito lote de 2480 m², con calle de acceso privada, electricidad a 10 m de distancia y agua potable a corta distancia. A 200 m de la casa principal de El Encanto y a 250 m de la playa Santo Domingo.

 
         
         
  PRENSA
         
      Diseño: Hamadryas
Colores: negro, azul oscuro, café
Tallas: L, XL

Muestra la mariposa "tronadora" (hamadryas februa ferentina), una de las especies que se puede apreciar cada año en los jardines de El Encanto.
 
           
      Diseño: Ídolo
Colores: blanco
Tallas: S, M, L


Muestra en el fondo el perfil de la isla conformado por sus dos volcanes en medio del lago, y en el frente, una de las más bellas estatuas (conservada en Altagracia) dejada por las culturas nativas precolombinas.
 
           
      Diseño: Urraca
Colores: blanco
Tallas: S, M, L


Muestra en el fondo el perfil de la isla conformado por sus dos volcanes en medio del lago, y en el frente, una urraca (calocita formosa), el pájaro más representativo de Ometepe.
 
         
      Diseño: Jardín
Colores: blanco
Tallas: XS, S, M


Muestra 9 diferentes clases de mariposas sobrevolando 9 diferentes clases de flores. Tanto las mariposas como las flores, son especies propias de los jardines de El Encanto.